Las niñas sonrientes de Santa Rosa de Copán

Let me explain the situation: it is the end of October 2017. We have bought our flights home, so we know exactly how much time we have in Central America, and it’s not a lot. And we have three countries left to explore. Sounds like a challenge, doesn’t it?

Para finales de octubre de 2017 compramos nuestros billetes de vuelta a casa. Sabemos que no nos queda mucho tiempo en América Central, así que tenemos que aprovechar. Nos quedan tres países por conocer y nos lo tomamos como un reto. 

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Viajando en primera clase

So we start hitchhiking south and, in spite running over a cow (who’s not hurt, but I cannot say that much about the car or the driver) as we are leaving Río Dulce, we make it safe and sound to San Pedro Sula. The evening we spend at one of the most dangerous cities in the world may be the most boring since we got to Central America, waiting for our Couchsurfing host for five hours at a mall that seems straight out of the US.

Levantamos el dedo gordo señalando al sur y, a pesar de que atropellamos a una vaca (que no sufrió ningún daño, me gustaría poder decir lo mismo del conductor o del coche) al salir de Río Dulce, llegamos a San Pedro Sula de una pieza. La tarde que pasamos en una de las ciudades más peligrosas del mundo fue, quizás, la más aburrida desde que llegamos a Centroamérica: la pasamos esperando a nuestra anfitriona de Couchsurfing sentados en un centro comercial que parece sacado de los Estados Unidos.

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Catedral de Santa Rosa de Lima

When we get to Santa Rosa, on the next day, we meet the marvellous woman who will be our host: Mirna, a retired doctor who feels like our adoptive mother. Besides feeding us wonderfully and having some great conversations with us about her experiences as a doctor, she also showed us a side of her town we would not have seen by ourselves. But before, she tells us to go visit the centre of the city, claiming it will be worth it.

El día siguiente, al llegar a Santa Rosa, conocemos a la maravillosa mujer que nos alojará: Mirna, una doctora jubilada que nos hace sentir como sus hijos adoptivos. Además de alimentarnos de fábula y contarnos muchas cosas interesantes sobre su experiencia como médico, nos enseñará un lado de su ciudad que nunca habríamos conocido solos. Pero primero nos manda a visitar el centro de la ciudad, segura de que nos gustará.

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Foto con la mejor anfitriona 🙂

Wandering the main square at dusk, we notice a traditional dance group rehearsing at a public stage. We are enjoying the show when Alejandro, one of the dance teachers, approaches us and starts telling us everything about his dance group, his town and his country. After the dances end, he takes us to Cerrito, a little hill near the city centre where we can see his dad playing the marimba and surprisingly, we also get to meet the mayor of the town. It turns out to be quite an eventful evening after all!

Paseando por el Parque Central mientras se pone el sol, nos damos cuenta de que hay un grupo de danza tradicional ensayando en un escenario. Nos quedamos mirando cuando se nos acerca Alejandro, uno de los maestros del grupo, y nos va explicando todo lo que tenemos que saber sobre su grupo, su ciudad y su país. Al terminar las danzas, nos lleva al Cerrito, una parque cerca del centro donde vemos a su padre tocar la marimba… y también conocemos al alcalde de Santa Rosa, que presume de ser una ciudad libre de corrupción, de las más seguras de Honduras.

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Niñas disfrutando de la infancia / Two girls enjoying their childhood

After a good night sleep and a long conversation with Doña Mirna, we go to visit a home for girls. The minute we get in the garden, the girls surround us, asking millions of questions about all kinds of topics. Some of them are toddlers or little girls, others are almost eighteen and will move out soon, but all of them are quite open and, judging by how they speak, extremely intelligent.

Al despertarnos, charlamos con Mirna hasta que llega la hora de ir a visitar un lugar muy especial: un orfanato para niñas. Nada más pisar el jardín, las chicas nos rodean y empiezan a preguntarnos millones de cosas. Algunas son bien pequeñitas y apenas saben andar, otras tienen casi dieciocho años y pronto se van a ir, pero todas son muy abiertas y, por su forma de hablar, muy inteligentes.

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Aprendiendo / Learning

We fall in love with a child called Daisy who has millions of stars in her eyes everytime we talk to her, but also with a teenager called Welkis who plays the guitar and sings with passion and is excited about everything. After chatting loudly and playing some music they take the CD player out: time to dance. They try really hard to make me succeed at dancing punta, the traditional Garifuna dance!

Nos enamoramos de una pequeñita llamada Daisy cuyos ojos brillan como millones de estrellas cada vez que le hablamos, pero también de Welkis, una adolescente que toca la guitarra y canta con pasión y demuestra una ilusión tremenda. Después de una buena charla y muchas canciones sacan unos CDs: es hora de bailar. ¡Qué empeño ponen en enseñarme a bailar punta, el baile tradicional de los Garífunas!

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Welkys ❤
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Bailando

Still in awe by how smart, cheerful and kind those girls are, we are invited to drink some coffee in the kitchen where those girls prepare all of their own meals (they work in teams and yes, it’s the girls themselves who take care of the cleaning, cooking, etc.). Mery, who runs an English school, also joins us for coffee. A while ago, she offered a partnership with the home and the girls can attend English classes for free, joining the people that actually pay for afterschool lessons. I thought that was amazing.

Seguimos flipando con lo listas, simpáticas y amables que son estas chicas cuando una monja nos invita a café en la cocina donde las chicas preparan sus comidas (trabajan en equipo y sí, ellas mismas se ocupan de limpiar, cocinar y todas las tareas del orfanato). Mery, que tiene una academia de inglés, también toma el café con nosotros. Hace tiempo, llegó a un acuerdo con el orfanato para que las niñas pudieran acudir a clases de inglés gratuitamente. Eso me pareció estupendo.

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Olé qué arte

Young and enterprising, Mery founded this school with his brother Johnny and we find it fascinating right when we walk in. We are invited us to enter Johnny’s adult class, so we stand in front of the students for almost forty minutes, speaking with them in English about everything and anything. Johnny is a good, motivating teacher and his methods are cool and innovative.

Joven y emprendedora, Mery fundó esta academia con su hermano Johnny. Nos encanta, es preciosa. Nos invitan a entrar a una clase para adultos de Johnny, y durante cuarenta minutos nos quedamos delante de los alumnos hablando de miles de temas en inglés. Johnny es un profesor genial y motivador, con unos métodos bien innovadores.

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The school / La escuela

I can only think about how much I would like to work there for a while when they invite us to the teachers meeting. They convince us by explaining that it will take place in the dive where they serve the best baleadas in town. They are right: I had never eaten such great baleadas as I did in that bare room with only a few camping tables and a portable kitchen, and three loud women who make and fill up tortillas at the speed of light.

Sólo estoy pensando en quedarme y trabajar ahí una temporada cuando nos invitan a la reunión de profesores. No sabemos si ir, pero nos convencen al contarnos que la celebrarán en el comedor donde hacen las mejores baleadas de la ciudad. Tienen razón: nunca había comido baleadas tan ricas como esas que pedimos en esa habitación cuadrada que contaba con sólo un par de mesas plegables y una cocinilla portátil, llevada por tres señoras que hacían y rellenaban tortillas a la velocidad de la luz.

During the dinner, besides tasting Copandry, a soft drink manufactured in the (almost) neighbouring town on Copán, we join the five teachers in brainstorming ideas to celebrate Thanksgiving and Christmas with their students. Once everything is decided, all seven of us get inside their fairly small car to go get some madrazos de maracuyá (a typical “cocktail” made only in a hidden bar in Santa Rosa) for us to taste them.

Durante la cena, además de catar el Copandry, un refresco hecho en el (relativamente) cercano pueblo de Copán, nos unimos a la lluvia de ideas de los maestros para celebrar Acción de Gracias y Navidad con sus alumnos. Cuando ya está todo decidido, los siete nos metemos en el coche (todavía no sé cómo) y vamos a comprar unos madrazos de maracuyá, un cubata especial típico de un antro de Santa Rosa que, según ellos, tenemos que probar.

We finish the night at the Cerrito again, with a madrazo in our hand, talking about life. I have almost decided to stay there when I remember that it’s only our first stop in Honduras and we are bound to see and experience much, much more in the following weeks.

La noche termina de nuevo en el Cerrito, con un madrazo en la mano, hablando sobre la vida y las injusticias de una historia que sigue marcando el futuro de miles de personas. Una historia de la que no aprendemos y que se repite aún hoy, transformada, en miles de nuevas formas de dominio. Ya casi me he decidido a quedarme cuando recuerdo que Santa Rosa no es más que la primera parada que hacemos en Honduras, que todavía nos queda muchísimo por ver en los días que vendrán, y qué días…

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